01 octubre 2015

La leyenda del Festival del Medio Otoño



Parte 1: El cielo de los 10 soles.
Hace muchos, muchos años y muchas, muchas dinastías, en el cielo había 10 soles y una luna. Estos diez soles llevaban tanto tiempo calentando la Tierra que los árboles de esta se habían secado y apenas quedaban hojas verdes en ellos. Además, el agua de los ríos se había evaporado casi por completo y la gente apenas tenía para beber. Hubo un año, en el que tras el caluroso verano la situación empezó a ser desesperada. El otoño no llegaba y el calor era más insoportable que nunca.
Allí, en la lejana China, un hombre llamado Hou Yi decidió tomar medidas para salvar el mundo en el que vivía. Hou Yi era famoso por ser el mejor arquero del pueblo. Cientos de muchachos acudían cada año a su escuela de tiro para aprender del gran maestro. Por eso, el joven pensó que podría utilizar su excelente puntería para eliminar 9 de los diez soles del cielo. Al día siguiente, se dirigió hacia la orilla del mar con su arco y sus flechas y, desde allí, disparó al primer y más grande de los soles que, de inmediato, cayó al mar y se apagó. Continuó disparando al segundo sol y al tercero, y al cuarto, y al quinto... Hasta que finalmente solo quedó un sol en el cielo. Enseguida aparecieron nubes cargadas de agua, el aire se hizo más fresco y más fuerte, las ramas de los árboles comenzaron a agitarse y aquellos que aún tenían hojas empezaron a lanzarlas al suelo. El otoño había llegado.
La gente del pueblo había estado observando lo sucedido y cuando Hou Yi regresó, todos estaban tan felices que lo recibieron entre aplausos y gritos de alegría y agradecimiento.


Parte 2: La Diosa de la Noche.
Aquella noche, mientras Hou Yi dormía escuchó una voz que susurraba su nombre. Se trataba de la Diosa de la Noche, que explicó a Hou Yi que gracias a él las noches en el cielo eran mucho menos calurosas que antes y que ahora las estrellas y la luna brillaban más en la oscuridad. Como agradecimiento, la Diosa de la Noche regaló a Hou Yi un frasquito con una poción que lo convertiría en inmortal cuando la bebiera de un solo trago. Sin embargo, si se convertía en inmortal subiría al Reino del Cielo y tendría que vivir allí, para siempre, con el resto de Dioses. Además, para que Hou Yi no diera la poción a cualquiera, la Diosa le advirtió de que nadie más podría tomarla o él sería castigado.
Durante toda la noche Hou Yi pensó mucho sobre la oportunidad que la Diosa de la Noche le había ofrecido. Él quería ser inmortal, pero había algo que lo frenaba: si bebía la poción, tendría que abandonar la tierra y dejar atrás a su amada esposa Chang'e. Por eso, a la mañana siguiente contó a su esposa lo sucedido, le dijo que no bebería la poción y le entregó el frasquito para que ella lo guardara en un lugar seguro.



Parte 3: El ladrón.
Los días pasaron y por el pueblo se corrió la voz de que Hou Yi guardaba en su casa la poción de la inmortalidad. Todos los muchachos de su escuela comentaban que el gran maestro había rechazado vivir para siempre y que ahora escondía el frasquito con la poción en su casa. Feng Meng, uno de sus alumnos, quería comprobar por sí mismo si el rumor era cierto y, si así era, robaría la poción y la bebería para convertirse en inmortal. Para conseguirlo, una mañana fingió que estaba enfermo y no acudió a la clase. Mientras Hou Yi estaba enseñando al resto de muchachos, Feng Meng corrió hacia su casa y se coló en el interior. La esposa de Hou Yi encontró al muchacho y al descubrir sus intenciones agarró el frasco con todas sus fuerzas para proteger a su marido del castigo de la Diosa de la Noche. Feng Meng se lanzó hacia ella e intentó quitarle el frasco de las manos. Chang'e luchó y luchó, pero viendo que el muchacho tenía más fuerza que ella y que no conseguiría aguantar mucho más, arrancó el tapón del frasquito con los dientes y se tomó la poción de un trago, olvidando que ella tampoco debía beberla. Entonces, sin que tuviera tiempo para reaccionar, el cuerpo de Chang'e se volvió ligero como la hoja de un árbol y empezó a elevarse en el aire. La mujer subía, subía, subía y, aunque pataleaba, se retorcía e intentaba de todas las formas posibles que sus pies volvieran a tocar el suelo, no lo conseguía. Subió tan alto que llegó hasta la luna. Cuando su marido llegó y descubrió lo sucedido salió a la calle con su arco y comenzó a disparar flechas hacia la luna pensando que si la hacía caer, Chang'e caería con ella y podrían volver a estar juntos en la Tierra. Sin embargo, por muchas flechas que tiró no consiguió dar en el blanco ni una sola vez: la Diosa de la Noche había castigado a Hou Yi robándole su buena puntería. 
A partir de aquel momento, Hou Yi y Chang'e se comunicaban a través de mensajes escritos en farolillos de seda, que lanzaban al aire. Hou Yi dormía cada noche junto a la ventana y miraba hacia la luna hasta que sus ojos se cerraban. Entonces, en sus sueños, Chang'e le visitaba. De esta forma, los dos podían pasar tiempo juntos y ser felices a pesar de tener que vivir separados durante el día. 





Desde entonces, tras terminar el verano, se celebra el Festival del Medio Otoño durante el cual los chinos comen pasteles con forma de luna llena, lanzan farolillos con mensajes hacia el cielo y sonríen a Chang'e que, inmortal, cada noche cuida a la gente de su pueblo desde las alturas.



Tras leer la leyenda, grandes artistas me hicieron llegar sus ilustraciones sobre la historia:






2 comentarios:

  1. Anónimo12/10/17

    Me ha gustando mucho la historia y los dibujos
    Esta muy currando ��������������

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    Respuestas
    1. ¡Me alegro mucho! Es una leyenda preciosa, ¿verdad? Lo cierto es que China cuenta con algunas de las leyendas e historias más bonitas que conozco. Además, tienen mucha importancia en su cultura y tradiciones. Al igual que pasa con el Festival del Medio Otoño, la mayor parte de sus festivales tiene su origen en leyendas como esta ;)

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